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martes, 13 de septiembre de 2016

SIETE CONSEJOS DE ROALD DAHL PARA SER UN BUEN ESCRITOR

Alguna vez has soñado con tener los poderes de Matilda?, ¿con visitar la fábrica deWilly Wonka? o ¿conocer a un gigante bonachón? El padre de estos personajes y sus creativas historias, Roald Dahl, cumple un siglo este 13 de septiembre y sus fantásticos cuentos nos animan a seguir sus pasos como escritor.
Durante décadas los personajes excéntricos y divertidos del escritor han unido a varias generaciones y se han convertido en algunos de los títulos más reconocidos de la literatura infantil.
Roald Dahl en su cuento autobiográfico, Racha de suerte, explica como se convirtió en un fantástico escritor. Estos son sus siete consejos para convertirse en un buen novelista:
1.- Tienes que tener una gran imaginación.
2.- Debes ser capaz de escribir bien. Para ello tienes que hacer posible que una escena se convierta en real en la mente del lector.
3.- Tienes que tener aguante. En otras palabras, tienes que ser capaz de apegarte y nunca dejarlo, hora tras hora, día tras día, semana tras semana y mes tras mes.
4.- Debes ser perfeccionista. Lo que significa que nunca estarás satisfecho con lo que escribes hasta que no lo hayas reescrito una vez tras otra, haciéndolo tan bueno como seas capaz.
5.- Tienes que tener una férrea autodisciplina. Estás trabajando solo.
6.- Ayuda mucho tener sentido del humor. No es vital cuando se escribe para adultos, pero para los niños, es vital.
7.- Debes tener un grado de humildad. El escritor que cree que su trabajo es maravilloso tendrá problemas.
Fuente: ultimahora.es



martes, 17 de mayo de 2016

LAS CENIZAS DE GARCÍA MARQUEZ YA ESTAN EN COLOMBIA





Bogotá, 16 may (EFE).- Las cenizas del Premio Nobel de Literatura de 1982, Gabriel García Márquez, ya están Cartagena de Indias, en donde reposarán en un memorial levantado en el Claustro de la Merced, a 300 metros de la casa que habitó en esta ciudad del caribe colombiano.
También llegó a Cartagena el busto de Gabo, según informó la página electrónica del diario El Tiempo, que recoge declaraciones del rector de la Universidad Cartagena, Édgar Parra Chacón.
El próximo domingo, en el claustro La Merced, donde funciona la sede de posgrados de la Universidad de Cartagena, será la inauguración del busto del autor de "Cien años de soledad", fallecido en Ciudad de México el 17 de abril de 2014.
Inicialmente estaba previsto que este memorial fuese inaugurado el pasado 6 de marzo, en coincidencia con el 89º aniversario del nacimiento del escritor en Aracataca, pero los trabajos tuvieron que modificarse por el hallazgo arqueológico de un aljibe colonial en el claustro.
El memorial está ubicado en el centro del patio central del Claustro de la Merced, al lado del Teatro Adolfo Mejía, y consta de un pedestal cúbico de mármol donde se depositarán las cenizas que se cubrirán con un busto del nobel esculpido por la artista británica Katie Murray.

Los visitantes podrán acceder hasta el propio pedestal a través de tres pasarelas de cristal transparente dispuestas sobre un jardín y el techo descubierto del aljibe con lo que se ofrece un ambiente sobrio en medio de este patio enmarcado por cuatro series de arcadas.

martes, 3 de mayo de 2016

EL ESCRITOR COLOMBIANO FERNANDO SOTO APARICIO MURIÓ A SUS 83 AÑOS



Lunes, Mayo 2, 2016 - 10:27
Después de luchar por varios contra el cáncer, falleció el escritor colombiano, Fernando Soto Aparicio a sus 83 años en Bogotá. Colombia pierde a uno de sus escritores más prolíferos, autodidacta e incansable lector.
Sus seguidores y lectores, de diferentes edades, se habrían enterado del estado del escritor a través de un texto que el mismo escribió en su cuenta oficial de Facebook en la que relató, de forma muy extensa lo que estaba viviendo y de la enfermedad que sufría. En el mismo escrito habría confesado que su padecimiento no le quitaría las ganas de vivir hasta el último minuto de su vida.
Me ha tocado (no en suerte; tampoco sé si en desgracia) una de esas enfermedades irreversibles y perversas (un cáncer agresivo y cruel). Este tiempo lo he dejado plasmado en "Bitácora del agonizante" como testimonio poético de mi paso por el dolor. 
Agregó que como todos los seres humanos, amanezco siempre con un día menos de vida, pero voy a vivir hasta el último instante, hasta el aliento final. Esta es mi respuesta a las preguntas que se han suscitado desde muchos de mis contactos en facebook. Gracias por sus buenos deseos, gracias por sus oraciones, gracias por toda la energía Universal conque me rodean... y un abrazo bien fuerte (porque el cáncer no es contagioso).
El escritor nació en 1933, en Boyacá, pero al mes de nacer su familia se trasladó a Santa Rosa de Viterbo y es allí donde pasa gran parte de su infancia.
Estudio hasta cuarto grado de primaria, luego siendo un joven se dedicó a la escritura. Tras alguna estancia en el extranjero en misión diplomática, en 1960 se estableció definitivamente en Santafé de Bogotá.
En su juventud se desempeñó como periodista, alcanzó a publicar artículos de opinión en los principales medio colombianos y también hizo varios guiones para la televisión.
En 1950 publicó su primera obra que se tituló’ Voces de Silencio’ y a partir de ese momento escribió texto de diferentes géneros literario fundamentalmente en la narrativa y la poesía.
La violencia, la injusticia y las desigualdades sociales fueron el eje central de  muchas de sus obras, aunque también dedicó varios de su libros a hablar de la paz como ‘La paz sea con nosotros’, 1986 y Carta de bienvenida a la paz, 1989.
Unos de sus libros más emblemáticos fueron ‘Rebelión de las ratas’, 1962; ‘Los funerales de América’,‘Mientras llueve’,1966 y que también fue adaptada para televisión.
Soto Aparicio también es autor además de algunas obras destinadas al público infantil, como 'El color del viento', 'Guacas y guacamayas' y 'Lunes'.
El escritor dejar un legado de más de 82 libros entre los que se encuentra poemas, cuentos y obras de teatro.

TOMADO DE HSB NOTICIAS.COM
         


domingo, 21 de febrero de 2016

UMBERTO ECO, UN SABIO QUE LLEGÓ AL PUEBLO


Odiaba los lugares comunes y las frases hechas, y tal vez para evitar las inevitables —“Italia está de luto”, “Ahora somos más pobres”, “El hombre que lo sabía todo”—, el escritor, filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco dispuso que la noticia de su muerte, acaecida la noche del viernes a los 84 años en su casa de Milán, fuese acompañada por la de la publicación de un nuevo libro, como una invitación a recoger el testigo de su mirada crítica, a veces divertida y a veces voraz, de ese ensayo del mundo que es Italia. “A la hora de su muerte”, dijo el editor Mario Andreose tras dar el pésame a su familia, “los deseos de Eco eran coherentes con su vida profundamente laica”. Su despedida, por tanto, se celebrará el martes en un acto civil en el Castello Sforzesco, una joya arquitéctonica del siglo XV que el autor de El nombre de la rosa (vendió 30 millones de ejemplares) y El péndulo de Foucault podía ver desde la ventana de su casa.
A la mañana siguiente de conocerse la noticia, los alumnos de Eco se acercaron a la plaza Castello para, silenciosamente, dejar rosas blancas bajo la casa de un maestro que, como escribe Juan Cruz, “era un sabio que conocía todas las cosas simulando que las ignoraba para seguir aprendiendo”. Esa es la clave. Umberto Eco nunca atropelló a nadie con su infinita sabiduría. De ahí que, de todos los artículos laudatorios que publica la prensa italiana, tal vez el que menos chirría con el carácter de Il Professore sea el del periodista Gianni Rotta en La Stampa de Turín: “Filósofo, padre de la semiótica, escritor, profesor universitario, periodista, experto en libros antiguos: en cada una de sus almas Umberto Eco era una estrella internacional, pero con sus estudiantes, lectores, colegas, jamás Eco exhibió la pose snob que tal vez otros escritores sí habrían adoptado de haber publicado best sellers como El nombre de la rosa o El péndulo de Foucault. Umberto Eco reía, se informaba de las novedades y —encendiendo un cigarro— contaba la última broma antes de presentar una nueva teoría lingüística”. Ese, y muchos otros, era el intelectual que ahora despide Italia.

Abandono de la fe
Hijo de comerciantes, Umberto Eco nació en la ciudad piamontesa de Alessandria en 1932. Formó parte activa de los movimientos juveniles de Acción Católica, estudió Filosofía en Turín y se doctoró en 1954 con una tesis sobre la estética de Santo Tomás de Aquino, quien, según publicó entonces en una nota irónica, tuvo mucho que ver con su descreimiento progresivo y su abandono final de la Iglesia católica. Aquella nota rezaba: “Se puede decir que él, Tomás de Aquino, me haya curado milagrosamente de la fe”. Tras doctorarse, Eco se estableció en Milán, participó en un concurso de la RAI —la televisión pública italiana— que venció y que lo convirtió en compañero del periodista Furio Colombo y del filósofo Gianni Vattimo en una aventura siempre enfocada a difundir el mundo de la cultura.
A sus coetáneos les asombraba, como subraya Gianni Rotta, que “un semiólogo, un crítico, todo un filósofo, se ocupase de cómics, o que un profesor predicase que, para entender la cultura de masa, antes hay que amarla, que no se puede escribir un ensayo sobre las máquinas flipper sin haber jugado con ellas”. Durante los años sesenta trabajó como profesor agregado de Estética en las universidades de Turín y Milán y participó en el Grupo 63, publicando ensayos sobre arte contemporáneo, cultura de masas y medios de comunicación. Entre estos ensayos los más conocidos son Apocalípticos e integrados y Obra abierta. El semiólogo también fue catedrático de Filosofía en Bolonia, en la que puso en marcha la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, conocida como la Superescuela, porque su objetivo es difundir la cultura entre licenciados con un alto nivel de conocimientos. También fue fundador de la Asociación Nacional de Semiótica, de la que aún era su secretario.

Crisis del periodismo
SU LIBRO PÓSTUMO APARECE EL PRÓXIMO FIN DE SEMANA
A finales del pasado mes de noviembre, Umberto Eco —junto a Sandro Veronesi, Hanif Kureishi y Tahar Ben Jelloun— decidió fundar una nueva editorial, La nave di Teseo, tras oponerse sin éxito a la fusión entre Mondadori y el grupo RCS. Fue la última batalla de un escritor que desde hacía dos años luchaba contra el cáncer sin perder jamás tres de los rasgos de su carácter: la curiosidad, la ironía y un vaso de whisky . “Ha trabajado hasta el final”, contaba ayer el editor Mario Andreose, “exceptuando los tres últimos días. Escribía y escribía, era un trabajador formidable. A pesar de que desde hacía dos años tenía problemas de salud, continuaba trabajando”. En su libro póstumo Pape Satàn Aleppe —construido a partir de las columnas que publicaba en el semanario L’Espresso—, está, según su editor, “la historia de los últimos 15 años, de ahí su subtítulo: Crónicas de una sociedad líquida”. Dice su editor que hay pasajes que son de una comicidad espléndida, y otros en los que Eco “analiza la identidad del papa Francisco, al que tenía en gran estima”. Su publicación se ha adelantado al próximo fin de semana.
La última de las obras de su fecunda carrera, Año cero, una mirada crítica del gran experto de la comunicación sobre la crisis del periodismo. La trama de Año cero está ambientada en 1992, un año clave de la historia italiana por el caso Tangentopolis, y se desarrolla en la redacción de un periódico en ciernes donde confluyen todas las plagas que golpeaban el país: la logia masónica P2, las Brigadas Rojas, el fin de una era y la aparición de otra con Silvio Berlusconi a punto de saltar al escenario. Eco combatió a Berlusconi—su antítesis total— de forma frontal, pero a quien le preguntaba si el protagonista turbio de su novela estaba inspirado en el líder de Forza Italia, le respondía: “Si quiere ver en Vimecarte un Berlusconi, adelante, pero hay muchos Vimecarte en Italia”.
Tras su muerte, tanto políticos como intelectuales han intentado apresar su personalidad. Según el jefe del Gobierno italiano, Matteo Renzi, Umberto Ecco fue “un gran italiano y un gran europeo”. Por su parte, el presidente de Francia, François Hollande, se acercó un poco más al referirse a él como un inmenso humanista, que se interesaba por todo y que estaba “igual de cómodo con la Historia medieval que con los cómics”. Como subrayó Hollande, “nunca se cansó de aprender y de transmitir su inmensa erudición con elocuencia y humor”.
En cierta ocasión, Umberto Eco dijo: “El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás”. El viernes a las 22.30, en Milán, frente al castillo Sforzesco, Italia perdió un pedazo de inmortalidad.
Publicado por EL PAIS

sábado, 19 de septiembre de 2015

LOS 200 CUENTOS BREVES DE KARL KRISPIN



El hermano de Ciento breve (2005) será presentado el domingo 27 de septiembre en la Asociación Cultural Humboldt
Un libro personal, 200 minicuentos de 100 palabras que ya está siendo distribuido en todo el país, 200 historias que revelan anécdotas, notas curiosas, analogías… así son los 200 breves de Karl Krispin y Oscar Todtmann Editores, que será presentado el próximo 27 de septiembre en la Asociación Cultural Humboldt.
Caraqueño (1960), escritor, profesor, articulista, ensayista e investigador, Karl Krispin ha publicado a lo largo de su vida diversas obras entre las que destacan La revolución Libertadora (1990), Viernes a eso de las nueve (1992), Golpe de Estado Venezuela 1945-1948 (1994), Camino de humores (1998), Alemania y Venezuela 20 testimonios (2005), Con la urbe al cuello (2005), Lecturas y deslecturas (2009), y La advertencia del ciudadano Norton (2010).
Sin embargo, fascinado por los minicuentos desde hace 15 años gracias al concurso organizado por la revista colombianaEl Malpensante (donde participó), no para de escribirlos. En el 2005 publicó Ciento breves y diez años más tarde sorprende con el doble de mini-historias que revelan su ahínco y su pasión por este género literario. “Bastarán al menos 100 palabras para sentirme contento urdiendo literariamente una historia”…
-¿Qué le inspiró a escribir micro relatos?
El verbo inspirar me da la impresión de que debería ser desterrado del diccionario personal de los escritores ya que obedece a una concepción romántica superada del artista entregado a una musa, o poseído por un demiurgo creador, o en todo caso una condición biorrítmica favorable. Nada de eso existe a la hora de escribir que no es más que un proceso disciplinado de asumir un proceso creativo que tiene unas pautas estrictas de trabajo. Lo digo en la presentación de mi libro Ciento breve, cien minicuentos de 100 palabras publicado en 2005: en el año 2000 la revista El malpensante de Colombia convocó un concurso de minicuentos cuya extensión no debía sobrepasar las cien palabras. Compuse unos varios, los envié, ni gané y hasta me contestaron como suele hacer El malpensante con la peor mala voluntad que normalmente tienen, pero me quedó la fijación de componer minicuentos de 100 palabras, de exactamente 100 palabras. Producto de ello en un lapso de unos 15 años es Ciento breve y ahora 200 breves. De otra parte la fijación reveló igualmente gusto y placer por las posibilidades que otorga en sí el minicuento.
-¿Qué aspectos abarcan los 200 breves? ¿Parte de hechos reales?
Aquí hay toda una discusión de la literatura en general, acerca de la dimensión misma de la literatura. Todo parte de la realidad. Ser escritor es un hecho real fijado en el tiempo y en el espacio. Una historia puede despegar de la realidad, de hecho es siempre así en cuanto los escritores somos reales y no unos hologramas o unos plasmas que flotan en los techos. Hay una conciencia estricta de realidad pero por más que esa historia arranque desde la realidad una vez que entra en el terreno de la literatura desdice y abjura de la misma realidad porque entra en una dimensión donde la propia palabra traiciona lo que de objetivo encierra la realidad trasladándose a lo imaginativo, que es la forma más elevada y respetable de la mentira, también conocida eufemísticamente como la ficción. En 200 breves hay muchas situaciones que han partido de la realidad, incluso de mi vida misma, hasta me atrevería a decir que es uno de los libros más personales que he escrito, cosa que no debe importarle demasiado al lector ni a mí me importa mucho que no le importe. Pero una vez, repito, que se meten en la piel de la literatura o en los papeles de la literatura ya cobran un aspecto más relacionado con lo mental-abstracto que con lo real.
– ¿Cómo construye un hecho en 100 palabras?
Un hecho se construye en 100 palabras o en mil o en siete que es el número de palabras de su pregunta, que por lo demás constituye el hecho de su pregunta. Hay hechos, o historias o situaciones que requerirán de mayores o menores explicaciones. Me gusta pensar en este teorema arbitrario de que bastarán al menos 100 palabras para sentirme contento urdiendo literariamente una historia.
– ¿Menos es más?
Gracián tiene aquella frase citada muchas veces que de lo bueno, si breve mejor. Tampoco podemos matricularnos en el reduccionismo. El minicuento tiene algo que lo caracteriza maravillosamente bien: la narración llega hasta un punto y existe en el hecho de su lectura una suerte de completación (palabra horrorosa por cierto) de parte de quien lo lee, que también será arbitraria según cada quien. El escritor deja unas pistas para que tal vez alguien complete un mapa o una geografía de los hechos sugeridos. El minicuento siempre juega a descompletar las piezas lo cual no significa necesariamente que sea más o que sea mejor. Los juegos siempre son así: en definitiva el autor establece unas premisas y hasta las anuncia para que haya unos participantes llamados lectores.
– ¿Qué significa para usted la literatura?
Es uno de los pocos sentidos que ha tenido mi vida o uno de sus sentidos más duraderos en relación a que quedará como una pieza de recuerdo, una huella dactilar personal de mi paso por este incomprensible mundo. La literatura ha terminado fijándome hasta un destino. Es la forma que tengo para ser, tal vez la única.

– ¿Qué es lo que más disfruta de escribir? ¿Tiene algún tipo de rutina?
Lo que más disfruto de escribir es escribir. Nunca he creído en esas víctimas de la literatura, escritores que hablan del dolor del mundo y otros recursos de la parafernalia del escritor sufrido, un alma frágil sostenida por la palabra. Es una versión bastante tuberculótica de la vida y de la escritura. Esos escritores fracturados, escindidos, lacerados. Qué cosa tan petulante y tan peligrosa porque hasta cometen suicidios. A mí me divierte muchísimo escribir, me lo paso muy bien haciéndolo tratando de mentir y especialmente tomándole el pelo a los demás hasta en las situaciones serias y duras que puedo escribir. En el fondo de todo hay un escritor muerto de la risa que puede abandonar todo menos el humor, aunque prescinda de él. A Juan Carlos Onetti le preguntaron sobre sus rutinas escriturales y respondió con una frase de la que me he apropiado porque nadie lo ha dicho mejor: “La hora de escribir es la hora de escribir”.
– ¿Qué es lo más difícil de ser escritor?
Lo más difícil de ser escritor es escribir, una vez más, sobre todo escribir algo que te convenza y no destruyas. Algo que puedas leer cuando esté publicado y te dé algo de orgullo secreto, de que esa frase la pensaste alguna vez y pudiste darle vida. A pesar de que no pensemos en los lectores ya que quienes hacemos literatura nunca pensamos en un lector tipo o modelo. Ello nos llevaría al despreciable terreno de los gerentes de mercadeo a quienes nunca me cansaré de desacreditar, en que se escribe para hacer dinero. Si bien no pensamos ni consideramos a los lectores, nos gusta que nos lean y para eso hay que saber escribir la literatura destinada a ese placer personal e intransferible de saber que alguien está ante nuestras frases con algún sentido de compañerismo tácito. Los lectores se hacen amigos de los escritores en una dimensión privada y también intransferible desde el punto de vista del lector. Realmente lo más difícil de ser escritor está en cubrir la hoja blanca con una historia que podamos admitir y reconocer, de la que no nos arrepintamos. Por lo demás esa satisfacción será siempre parcial y nos pasaremos la vida compitiendo contra nosotros mismos.
– ¿Qué otro género le gustaría explorar?
He escrito novelas, cuentos, crónicas, ensayos, artículos y minicuentos.  Hasta los veintisiete años me atreví a escribir poesía y la mandé toda al cesto de la basura que era el sitio que merecía.  De modo que lo que restaría sería escribir teatro cosa que jamás haré.  Aparte de mi actividad rutinaria de escritor de artículos para la prensa, estoy muy contento con ese trípode novela-ensayo-minicuento con el que pienso permanecer sin ensayar ninguna novedad adicional.
– ¿Qué prepara para los 300?
Me encanta esta pregunta porque me condena al fatalismo de tener que vérmelas con 300 breves algún día. Habrá que preguntárselo al narrador que anda entretenido con su cuarta novela y se malhumora cuando le llaman la atención sobre ese proyecto actual que le parece difícil, y con el cual está luchando aunque se esté divirtiendo porque de lo que se trata como dijimos es poder presentar algo que no nos desengañe y que hasta llevará nuestro nombre en una tapa. Que para eso es la literatura.
Colaboración de @DanielaFeblesM

lunes, 24 de agosto de 2015

UN AÑO MÁS PARA RECORDAR A JORGE LUIS BORGES

1899 se destaca por el nacimiento de grandes figuras literarias y culturales. El actor, Humphrey Bogart, el escritor y periodista, Ernest Hemingway, el director de cine de origen británico, Alfred Hitchcock, el escritor, Miguel Ángel Asturias. También coincide con el nacimiento de uno de los autores más importantes de Argentina y de latinoamerica. Un protagonista del boom literario y sin duda una de las figuras del siglo XX, Jorge Luis Borges.
Antes de ser un gran narrador Borges se definía como un ávido lector, un devorador de textos y fiel defensor del olor de los libros y las bibliotecas. El tiempo, la realidad, el espacio y el destino son algunas de las temáticas frecuentes en su obra junto a constantes referencias a las obras de: Joseph Conrad, William Shakespeare, Rudyard Kipling entre otros.
A continuación les mostramos un top 5 de los textos que no puedes dejar de leer del literato argentino:
1.    Ficciones (1944): libro de cuentos entre los que destacan: Pierre Menard, autor del Quijote La Biblioteca de Babel, sin duda el texto más famoso del escritor, el más seductor para los lectores.
2.    El Aleph (1949): esta obra reúne 18 cuentos caracterizados por demandar constantemente la completa atención del lector, la diversidad de las referencias y la forma única de narrar.
3.    El sur (1953): cuento inicialmente publicado por el diario La Nación, luego en 1956 forma parte del libroArtificios. La combinación del tiempo, el destino y el sueño son algunos temas presentes en este relato. El último que logro realizar por sí mismo el autor.
4.    El Hacedor (1960): como una reunión de géneros se concibe este libro, una muestra de lo difícil que resulta lograr diferenciarlos en el literato. La mitología, los espejos y la majestuosidad de la palabra son solo indicios de lo que se encontrara en cada página.
5.    El otro, el mismo (1964): la condición de fragilidad del tiempo y del hombre, el enigma y los sueños rondaban en la mente del autor al realizar esta obra. Una muestra de la gran relación que existe entre el poeta y las palabras, un lazo que parece difícil de romper.
¿Y tu cuál agregarías a la lista?
Colaboración de Raquel González en la erevista virtual ¿QUÉ LEER?


lunes, 13 de julio de 2015

¿SABÍAS QUE EN ‘EL QUIJOTE’ SE USARON CASI 23.000 PALABRAS DIFERENTES?





En su libro “El pequeño libro de las 500 palabras para parecer más culto” (Alienta), el escritor español Miguel Sosa Lázaro reunió a más de doscientos autores y doce premios Nobel.
En entrevista con el diario El Mundo, Sosa Lázaro contó que Miguel de Cervantes utilizó casi 23.000 palabras diferentes para construir “El Quijote”. Según él, el ciudadano de ahora solo utiliza 5.000.
“Estamos perdiendo la curiosidad. Ahora, cuando digo una palabra poco común, rara vez me preguntan por su significado y cuando lo hacen me dicen: ¡Qué pedante! ¿Tu ignorancia es mi pedantería?”, se cuestiona el escritor.
Para él es complicado encontrar la palabra uxoricida en la prensa, cuyo significado es: hombre que mata a su mujer. “No usarla, declaró, nos empobrece. Si reducimos nuestro vocabulario se empobrece nuestro pensamiento y, en consecuencia, somos menos críticos”.
En tiempos de las redes sociales y la poca lectura, Sosa Lázaro la resume en una drástica y dramática reducción del vocabulario. “Cuando uno quiere siempre encuentra una razón y cuando no una excusa porque el diccionario está al alcance de todos”.
Justamente las redes sociales han sido parte de la destrucción del lenguaje. El escritor remarca que no se trata de las plataformas sino de los usuarios.
“Hay faltas de ortografía en Internet con las que te sangran los ojos, pero el lenguaje lo descuida el usuario y no la plataforma, y cree que la limitación de espacio en Twitter no potencia la despreocupación por el lenguaje sino la capacidad de síntesis. La economía del lenguaje es una de las bellezas del idioma”, explicó.
Fuente: larepublica.pe


viernes, 5 de junio de 2015

ESCRITOR COLOMBIANO PABLO MONTOYA GANÓ EL PREMIO RÓMULO GALLEGOS



La edición 2015 del Premio Rómulo Gallegos ya tiene ganador. El colombiano Pablo Montoya obtuvo el galardón por su novela “Tríptico de la infamia”.

El jurado, conformado por Mariana Libertad Suárez (Venezuela), Javier Vásconez (Ecuador) y Eduardo Lalo (Puerto Rico), premió la novela, editada por Random House. En el libro se narra la historia de tres pintores protestantes que, cada uno a su manera, se convierten en testigos e intérpretes de los horrores que, en nombre de la religión y el afán de riqueza, se cometieron en Europa durante el siglo XVI y se extendieron a la América recién descubierta.
Pablo Montoya es escritor y profesor de literatura de la Universidad de Antioquia. Ha publicado libros de cuentos, ensayos y novelas, entre las que se destacan La sed del ojo (2004), Lejos de Roma (2008) y Los derrotados (2012).
El Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos se entregó por primera vez en 1967. El narrador puertorriqueño Eduardo Lalo obtuvo el galardón en 2013 por Simone. La edición 2015 del reconocimiento literario será entregada en un acto público el próximo 2 de agosto. El  galardón tiene un premio metálico de 100 mil dólares para el autor de la novela ganadora

Fuente: eluniversal.com

miércoles, 27 de mayo de 2015

LA HERIDA DE LA VIOLENCIA COLOMBIANA SANGRA EN LA OBRA DE ÓSCAR COLLAZOS


La semana pasada falleció el narrador y columnista colombiano Oscar Collazos, a los 72 años de edad, de una esclerosis lateral amiotrófica, conocida como ELA, una enfermedad neurológica que ataca inicialmente al habla. La entrevista que reproduzco a continuación se publicó en 2012 en el diario El Nacional, con motivo de la visita del narrador colombiano a la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (Filuc) y un año antes del diagnóstico fatal. Sea esta una forma de hacerle merecido homenaje a quien lo merece. El tiempo verbal ha sido cambiado para acomodar las circunstancias actuales, pero el resto se conserva casi igual, porque en la visión del autor sobre su país y sobre la tradición literaria de este no hay pérdida.
El recuerdo más feliz que atesoraba el narrador colombiano Óscar Collazos era correr por una playa de la costa del Pacífico de Colombia, sin zapatos y sin camisa. Libre y seguro. La nostalgia por la infancia perdida lo hacía declarar que su personaje de ficción favorito es Tom Sawyer, el héroe juvenil de la novela que Mark Twain publicó en 1876. No eran cosas de la vejez, hablaba del miedo. Al autor de La ballena varada (2003), como a muchos de sus compatriotas, la violencia de la guerra fraticida causada por el narcotráfico le quitó los lugares para recordar su juventud. Cuando llegó a Colombia en 1989, el autor que había vivido trashumante por 30 años se dio cuenta de que el narcotráfico le había cambiado el país y había “criminalizado su sociedad”, como me contó la tarde en que nos encontramos en la Feria Internacional del Libro de Valencia que visitó en 2012.
Y desde ese momento se dedicó no sólo a continuar la literatura de ficción que lo había inspirado en el exilio, sino también al periodismo. Cada segundo de su vida, cada letra de su obra dedicada a entender la tragedia en la nación vecina. En su último libro, Tierra quemada (2013) un grupo de infelices camina sin rumbo entre la selva y la violencia humana.
– ¿Qué relación hay entre la literatura de ficción y la de no ficción?
– Durante una época hice crónica periodística, y me hubiera gustado seguir haciéndola, pero hace aproximadamente 25 años me dedico más bien al periodismo de opinión, que utilizo como vehículo para reflexionar sobre la realidad de mi país, de América Latina y del mundo. Como tengo que estar informado permanentemente, estoy obligado a ver la realidad de una manera más rigurosa. Los temas que trato en mis novelas no hubieran sido posibles si antes no hubieran sido obsesiones mías como columnista de opinión. Hay una especie de retroalimentación de un género a otro.
– ¿Cómo Gabriel García Márquez, también novelista y periodista, aún influencia las letras colombianas?
– García Márquez no influyó ni en los temas ni en el estilo de la generación siguiente. Él mismo se quejaba y me decía que una de sus desgracias era no tener seguidores en su país. Lo que hubo fue una gran admiración por un escritor excepcional. Más que por García Márquez, me siento influenciado por autores del boom como Juan Carlos Onetti y el primer Mario Vargas Llosa. Por el último porque comencé escribiendo literatura de jóvenes en conflicto y por Onetti porque había un elemento de su realismo que iba a las profundidades de la condición humana, a su lado existencial, y no sólo al mito, como Cien años de soledad, por ejemplo.
– ¿Y las generaciones actuales, en especial la de los más jóvenes?
– Nos encontramos en una situación bastante curiosa: están vivas, y escriben, tres generaciones de autores colombianos. En primer lugar está mi generación, que ronda en este momento los 60 años de edad; en segundo, la que ocupan escritores como Santiago Gamboa, Héctor Abad Faciolince y Jorge Franco; y más recientemente, la generación de Juan Gabriel Vásquez, autor de El ruido de las cosas al caer, y Antonio Úngar, que escribió Tres ataúdes blancos.
– En cuanto a su temática, ¿qué las diferencia?
– Hay una transición en los temas, pero la violencia, de una u otra manera, sigue siendo un factor dominante. El ruido de las cosas al caer narra la génesis de la moral del narcotráfico: cómo a partir de esta situación alguien cuyo destino podía ser otro decide hacer riqueza fácil. Es curioso cómo Vásquez retoma un tema que obsesionó a la generación anterior, es como si los colombianos no pudiéramos liberarnos de eso.
– ¿Sigue también usted obsesionado con el narcotráfico?
– No puedo evitar escribir sobre el narcotráfico, me encantaría dejar de hacerlo, pero está demasiado incrustado en mi imaginario. Pensé que lo había logrado con la novela juvenil que acabo de publicar y que está dedicada a la pérdida de la memoria. Pensé que en la laguna más profunda no había ningún elemento de violencia, pero resulta que sí, pues aparecen allí los cadáveres de unos jóvenes sin identidad en diferentes sitios de Colombia. Yo, por ejemplo, acabo de terminar una novela grande, pesada y abrumadora, Tierra quemada. Son 400 páginas de un texto histórico en el que quise tratar la violencia y la guerra en Colombia como una alegoría que consiste en lo siguiente: cerca de 500 víctimas de la guerra son reclutadas por un ejército paramilitar y conducidas a una especie de éxodo que las lleva hacia ninguna parte. Viajan y viajan por una geografía devastada, por un campo que ya no produce y unas rutas que no tienen salida. Por un mundo absolutamente arruinado, improductivo. Viajan hacia ninguna parte y muchas mueren en el camino. Les dicen que la guerra ha terminado, pero helicópteros y aviones cruzan el cielo hacia alguna parte. Se trata de la zozobra de esta gente que no sabe a dónde va.
– Y la guerra en Colombia, ¿terminó?
– No. Claro que no, aún no.
EPÍGRAFE
“Los temas que trato en mis novelas no hubieran sido posibles si antes no hubieran sido obsesiones mías como columnista de opinión. Hay una especie de retroalimentación de un género a otro”



lunes, 18 de mayo de 2015

MARÍA KODAMA DONÓ 1.500 LIBROS AL MUSEO DE BORGES


Con la plaza Brown iluminada por foquitos amarillos y proyecciones visuales, los árboles resistiendo la fría noche de otoño y una cola tupida de vecinos, María Kodama volvió a Adrogué. Y a la casa de veraneo que usaba su marido, Jorge Luis Borges. Después de un acto en el Palacio Municipal, la viuda del escritor asistió a una performance en vivo basada en dos obras del genial escritor para luego hacer una donación de 1.500 libros a la biblioteca de la “Casa Borges”, el museo ubicado en Diagonal Brown 301.
Las obras en escena fueron “Aproximación Borges”, un espectáculo de vanguardia que combinó performance y teatro en una singular puesta/viaje a través del tiempo, la poesía y la narrativa borgeana, y “La rosa de Paracelso” (ambas dirigidas por Zulema Ozón), que despertó los aplausos de los numerosos vecinos que desde muy temprano se acercaron para disfrutar de la velada. El intendente municipal, Daniel Bolettieri, fue el encargado de recibir a la compañera de vida –y estudiosa de la obra– del popular escritor. Durante su visita, Kodama realizó una donación de libros a Casa Borges,primer y único lugar en todo el mundo que, habiendo sido habitado por el reconocido literato, funciona además como centro de estudios e investigación.
“Borges es parte de la historia de Almirante Brown y tenemos la dicha que muchos de esos recuerdos y situaciones que el escritor le recordaba a María Kodama, hoy aún en el siglo XXI están presentes en Adrogué, porque los eucaliptos, las casas bajas y los techos de tejas siguen estando, y vive en todo nuestro pueblo todo ese sentir”, dijo el jefe comunal. Kodama, vestida con una pollera larga color marrón y un saco rústico en tonos manteca, manifestó que “volver a Almirante Brown significa recordar las cosas que Borges me contaba, sobre el Hotel Las Delicias, los mosquiteros, el salón de los espejos, todo ese mundo que él vivió y que le gustó mucho porque siempre lo recordaba. Para mi es volver a un lugar querido por Borges y por supuesto por mi también”.
Patricia Roselli, vecina de Mármol, fue junto a su hija Micaela “para conocer la casa y la obra de Borges, aunque no soy una fanática de él. Hay cosas que me gustan y cosas que no. Es un espacio que tenemos en Brown y hay que aprovecharlo. Aparte un viernes, a esta hora, y que venga María Kodama, era un evento imperdible”. Las vecinas, además, están haciendo un curso sobre la historia del Partido, “y la casa genera curiosidad y nos incentivó a venir para conocer algo más sobre él y sus días en Adrogué”, contó.
El evento contó con la presencia del secretario de Educación, Cultura y DD. HH, Jorge Herrero Pons, el titular de la Coordinación de Gabinete local, Diego Garrido, el Presidente del Honorable Concejo Deliberante de Almirante Brown, Alejandro Torres, la senadora provincial, Patricia Segovia y el diputado nacional, Eduardo Fabiani. La donación de los 1.500 libros –todos referidos a lecturas posteriores y análisis de la obra del genial literato– se realizó en el marco del convenio de cooperación e intercambio institucional suscripto entre la Fundación Internacional Jorge Luis Borges –que preside Kodama– y la Comuna de Brown para difundir la vida y obra de uno de los escritores de mayor relevancia universal. Casa Borges funciona desde el 2014 y puede visitarse gratis de lunes a viernes de 10 a 16, y los sábados y domingos de 16 a 21.
Fuente:  clarin.com

lunes, 13 de abril de 2015

EL ESCRITOR URUGUAYO EDUARDO GALEANO FALLECE A LOS 74 AÑOS



El escritor uruguayo Eduardo Galeano ha muerto este lunes a los 74 años de edad en Montevideo, según ha confirmado su editorial a este periódico. El pasado viernes ingresó en un hospital como consecuencia de un cáncer de pulmón. Desde su publicación en 1971,Las venas abiertas de América Latina se ha convertido en un clásico de la literatura política latinoamericana. Su obra, entre la que también destaca Memoria del fuego (1986), ha sido traducida a una veintena de idiomas.
Antes de convertirse en un intelectual destacado de la izquierda latinoamericana, Galeano trabajó como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco, entre otros oficios.
Las venas abiertas de América Latina se publicó cuando Galeano tenía 31 años y, según reconoció después el propio escritor, en aquella época no tenía la formación suficiente para rematar la tarea. “[Las venas abiertas] intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria”, dijo. “No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada”, añadió.
En 2009, durante la Quinta Cumbre de las Américas, el expresidente de Venezuela Hugo Chávez le regaló un ejemplar de esta obra de Galeano —prohibida por la censura de las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile— al presidente de Estados Unidos, Barack Obama. En esa ocasión, la obra saltó de la posición 60.280 de la lista de los títulos más vendidos de Amazon a la décima en solo un día.
El escritor fue preguntado después sobre este episodio. Respondió: “Ni Obama y ni Chávez entenderían el texto […]. Él [Chávez] se lo entregó a Obama con la mejor intención del mundo, pero le regaló a Obama un libro en un idioma que él no conoce. Entonces, fue un gesto generoso, pero un poco cruel”.